Château La Louvière
Entre jardines y gravas de Pessac‑Léognan se perfila Château La Louvière, un lugar donde la elegancia arquitectónica acompaña a siglos de viticultura. Las primeras plantaciones se sitúan en torno a 1310; en el siglo XVII, los monjes cartujos perfeccionaron el trabajo por parcelas y la disciplina de bodega.
Con la compra de 1965, André Lurton impulsó una restauración paciente: devolvió al château su porte del XVIII, reordenó el viñedo y afinó un estilo que escucha al Graves—gravas cálidas, vetas calizas y drenaje natural que favorece maduraciones regulares. Desde 1991, Monumento Histórico, la casa combina selección rigurosa, extracción contenida y una crianza que busca precisión, no espectáculo.
Así nace un Pessac‑Léognan de líneas claras: firme, mineral y persuasivo, como si el terruño hablara en voz baja pero con autoridad.Château La Louvière
Entre jardines y gravas de Pessac‑Léognan se perfila Château La Louvière, un lugar donde la elegancia arquitectónica acompaña a siglos de viticultura. Las primeras plantaciones se sitúan en torno a 1310; en el siglo XVII, los monjes cartujos perfeccionaron el trabajo por parcelas y la disciplina de bodega.
Con la compra de 1965, André Lurton impulsó una restauración paciente: devolvió al château su porte del XVIII, reordenó el viñedo y afinó un estilo que escucha al Graves—gravas cálidas, vetas calizas y drenaje natural que favorece maduraciones regulares. Desde 1991, Monumento Histórico, la casa combina selección rigurosa, extracción contenida y una crianza que busca precisión, no espectáculo.
Así nace un Pessac‑Léognan de líneas claras: firme, mineral y persuasivo, como si el terruño hablara en voz baja pero con autoridad.